Madrid

En España se diagnostican al año unos 12.000 tumores ginecológicos (cérvix, ovario, endometrio). De ellos, 3.000 de ovario, que son los que tienen peor diagnóstico, sobre todo cuando se diagnostican tarde. Pero esta circunstancia se agrava porque no hay un método de detección precoz, y por la falta de especialistas en cirugía oncoginecológica, según han puesto de manifiesto los expertos reunidos en Madrid durante el tercer congreso internacional dedicado a este tipo de patologías que se celebra en la sede de la Mutua Madrileña.

Los datos son elocuentes: “Cuando la cirugía es completa, la supervivencia es de unos 70 u 80 meses; esto dobla el periodo medio”, ha dicho Luis Chiva, jefe del servicio de Ginecología del MD Anderson Cancer Center de Madrid. Pedro Ramírez, experto en cirugía mínimamente invasiva del MD Anderson de Houston (Tejas) calcula que la diferencia en términos de supervivencia puede ser de un 25% según “quién ve” a la paciente. “No es lo mismo si lo hace un ginecólogo o un cirujano general que un cirujano oncoginecológico”.

Y es que la cirugía seguida de quimioterapia sigue siendo la primera opción para este tipo de tumor, como recordó David Gershenson, jefe del Departamento de Oncología Ginecológica del MD Anderson en Tejas. Lo que sucede es que la calidad de esa intervención es clave. Lo óptimo es que después de intervenir no queden lesiones, o estas ocupen menos de un centímetro, señaló Robert Coleman, del mismo centro de Estados Unidos. Y para ello hace falta que los cirujanos sean expertos. En el MD Anderson y en el Memorial Sloan-Kettering hay programas de especialización de cuatro y dos años respectivamente, según dijeron Coleman y Richard Barakat, responsable de esta última institución. En España –y la mayoría de los países de Europa y los desarrollados de Asia (Japón, China)- no existen o se están desarrollando ahora, indicaron.

Pero no basta con ello. Porque puede ser que un ginecólogo o un internista se especialice, pero que luego no le dejen intervenir al volver a su país. Indicó Antonio González-Martín, director médico de MD Anderson en España.

La importancia de la cirugía es tal que una mala práctica no solo determina las expectativas de las pacientes, sino que pueden poner en solfa los resultados de ensayos clínicos destinados a mejorar el tratamiento. Es lo que ha sucedido con el último para el abordaje del cáncer de ovario, en el que se investigaba si podría haber casos en los que fuera preferible dar primero la quimioterapia, luego operar y posteriormente seguir con el tratamiento farmacológico. “Los resultados de ambas ramas fueron parecidos”, ha dicho Gershenson. “Aunque también polémicos”.

Y es en la habilidad de los cirujanos donde radica la polémica. “En el ensayo, solo un 40% de las intervenciones alcanzaron el nivel óptimo”, dijo Barakat. “En los centros de referencia se llega a un 75% u 80%”. Por eso él cree que sí que puede haber casos en que sea preferible empezar con una quimioterapia (se está probando con tres sesiones) antes de operar. Se refiere a casos de mujeres mayores (la edad media para el diagnóstico está en los 60 años), con otros procesos que afectan a su salud o en los casos en que el tumor se detecta muy tarde cuando está muy extendido (lo que se conoce como estadíos 3 y 4). En cualquier caso, “la formación de los cirujanos es algo en lo que podemos trabajar”, insistió Barakat.

En España se diagnostican al año unos 12.000 tumores ginecológicos

Lo que está claro es que ya el abordaje no tiene por qué ser igual para todas las mujeres, y es que en este tipo de cáncer, como en la mayoría, se tiende a personalizar el tratamiento. “No hay una única respuesta para el 100%”, concluye Barakat.

A todo esto se suma otro factor. “Por primera vez en 15 años” hay otros tratamientos que se pueden utilizar, indicó González-Martín. De ellos, el que está más avanzado en sus ensayos es el bevacizumab, un fármaco que se aprobó para otro tipo de tumores (mama, colon, pulmón) que actúa inhibiendo la formación de vasos sanguíneos que alimentan al tumor (lo que se conoce como angiogénesis). Se ha visto que su administración combinada con la quimioterapia y, después de esta, como tratamiento de mantenimiento aumenta la supervivencia y espacia las recaídas, dijo Coleman. Esto se tradujo, en un estudio llevado a cabo en el Anderson de Madrid, a una disminución de la mortalidad del 35% entre pacientes de alto riesgo, recalcó el investigador. “Pero hace falta más tratamientos específicos, sobre todo para los tumores resistentes a la quimioterapia”, añadió.

Y, como en todos los casos, la otra vía en la que hay que trabajar es en el diagnóstico precoz. El problema es que todavía no se ha encontrado un indicador biológico que se pueda detectar en la sangre, y por eso muchas mujeres acuden al médico cuando el cáncer ya está muy avanzado. Entre los síntomas que deben controlar es la inflamación, la aparición de dolores o cambios en la función intestinal, indicó Ramírez. También hay que tener en cuenta la existencia de antecedentes familiares de cáncer de mama o de ovario.

La cirugía seguida de quimioterapia sigue siendo la primera opción

Notificar esta circunstancia es una de las medidas de prevención que recomienda Barakat. la otra es el uso de píldoras anticonceptivas.

El congreso también va a tratar el problema de las mujeres que pierden la fertilidad al someterse a terapias anticancerígenas. Precisamente un estudio del Instituto Valenciano de Infertilidad ha detectado que las mujeres que llegan a sus centros para guardar óvulos antes de someterse a un quimioterapia ya tienen una capacidad reproductiva menor que el de mujeres sin cáncer. En concreto, en las sanas la respuesta ovárica es del 30%, por un 10% de las que tienen cáncer. El trabajo se ha publicado en Fertility and Sterility.

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